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 Resumen

El presente artículo realiza un análisis del “fanatismo” como una tendencia social, ejemplificando desde el contexto social colombiano, es así, como se propone  que la manipulación del fanático es la mejor forma de mantener el poder, ya que, ésto se convierte en el mejor negocio para el control de las  masas.  Se inicia  con la conceptualización del término, para luego, profundizar en aspectos como la de utilizar el aspecto emocional  más que la reflexión, que estudia el análisis racional y el sentido crítico de los individuos ante fuerzas sociales, mostrando la responsabilidad que tiene la academia. Luego, se caracteriza la influencia del marketing político como una estrategia de vender una idea política, que fomenta en la colectividad el fanatismo y de igual manera, se estudia la influencia de los medios de comunicación (en especial las redes sociales y los influenciadores) en el proceso de alienamiento y posterior manipulación de las grandes masas sociales. Finalmente, se concluye con el análisis de las consecuencias negativas de la manipulación, donde el  fanático adquiere un juicio moral negativo, que altera su percepción frente a los  valores básicos de la convivencia ciudadana, tales como la paz, la tolerancia, la libertad, la democracia y la pluralidad.

Palabras clave:

Fanático, influenciador, manipulación, marketing político, pensamiento crítico,  redes sociales, sociedad.

Abstract

This article makes an analysis of “fanaticism” as a social tendency, exemplifying from the Colombian social context, this is how it is proposed that the manipulation of the fanatic is the best way to maintain power and this becomes the Better business for the control of the masses. It begins with the conceptualization of the term, to then go deeper into aspects such as using the emotional aspect rather than reflection, which studies the rational analysis and the critical sense of individuals before social forces, showing the responsibility that the academy has. Then, the influence of political marketing is characterized as a strategy of selling a political idea, which fosters fanaticism in the community and, in the same way, the influence of the media (especially social networks and influencers) is studied the process of alienation and subsequent manipulation of the large social masses. Finally, it concludes with the analysis of the negative consequences of manipulation, where the fanatic acquires a negative moral judgment, which alters his perception of the basic values ​​of civic coexistence, such as peace, tolerance, freedom, democracy and plurality.

Keywords:
Critical thinking, fanatic, influencer, manipulation, political marketing, social networks, society.

En una de estas tardes, en medio de la impotencia que se siente como cualquier ciudadano, por la dolorosa situación de su país, leer un artículo se convierte en un consuelo para comprender el sofisma en que ahora se enmarca nuestra sociedad colombiana. Allí, se retoma lo dicho por Voltarie (s.f.) “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es incurable”, a partir de esto, se podría proponer que la manipulación del fanático (religioso y político) es la mejor forma de mantener el poder, ya que, esto se convierte en el mejor negocio para el control de las  masas, para ésto la “evolución” de las sociedades, lo ha facilitado por medio de la tecnología y como es normal, la gran influencia de la manipulación mediática.

Comencemos éste análisis, como define Pellegrini el fanatismo, citado por Rodríguez (2018a) “(…) como una intolerancia compleja. Es la discriminación dirigida hacia todos los grupos o personas diferentes a la creencia del intolerante, (…) quizás en ésta afirmación podremos ir encontrando la respuesta a la polarización social a la cual se puede llegar en medio de las diferencias políticas y religiosas; “(…) pensar distinto y opinar y ejercer la libertad de hacerlo es como una afrenta imperdonable para los fanáticos de todas las raleas que son, como mínimo, intransigentes, obsesivos y autoritarios (…)” (Rodríguez, 2018b).  Es aquí, donde queríamos llegar…sin quererlo Colombia está entrando desde las dos última décadas a una progresiva y peligrosa polarización social, que le ha abierto camino al fanático en lo político, pues, cómo se explica el fenómeno, donde al preguntarle a un seguidor político, (bien sea de izquierda, derecha, de centro, etc.) ¿en qué consiste la propuesta política de su “amado candidato”?,  no llega a ser capaz de dar argumentos sólidos, o si por o menos  logre diferenciar lo que los demás candidatos proponen, sin dejar de caer en el discurso casi que ofensivo, repitiendo  las afirmaciones que la gran mayoría de la colectividad pregona, es decir, tan solo repite lo que los demás repiten, sin poder fijar un verdadero punto de vista crítico frente a la contienda política.

A partir de lo anterior, se genera la violencia que surge de “la manipulación de ésta ignorancia social”, como lo afirma Yolanda Ruiz en el Periódico del Espectador citado por Rodríguez (2018c) “cuando alguien escribe en Twitter que el exterminio de la Unión Patriótica ‘era un mal necesario’, que ‘ojalá se muera’ el presidente o que ‘los periodistas deberían ser aplastados como ratas’ es fácil ver los síntomas de un problema grave. Así, que ésta sociedad, donde familias se matan por una tendencia política, donde se desplaza al campesino, al indígena, al afrodescendiente, donde se acaba el ecosistema y se incuba la corrupción desde los gobernantes; muestra como el poder político, puede hacer del fanatismo el negocio más rentable, para aquellos que han sido los dueños de la soberanía del pueblo.

De esta manera, el sector dominante de la política ha logrado manejar las masas, explicarlo podría contener varios aspectos, entre ellos como lo diría Menco (2016a):

 “(…) utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión, es una técnica clásica  para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente  para implantar  o injertar  ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos. (…)

Teniendo en cuenta lo anterior, el poder político mueve el sentir del pueblo, ese pueblo incrédulo, casi que “ignorante” de la realidad social, que lográ caer incauto  ante la elocuencia de los líderes políticos que prometen saciar esa inagotable necesidad del pueblo. Aquí, es donde  se mueve ese sentir, ante el miedo del oponente, de ahí nace las frases de éstas elecciones presidenciales como: “nos vamos a volver una Venezuela”, que tal sacudón emocional carente de argumentos, pero que en las  masas trasciende o visto desde la otra orilla, “vamos a seguir con los mismo de siempre…los ricos más ricos… con más continuismo…y el presidente…títere de su padrino político”; difícil establecer quién podrá tener la razón, lo único cierto, es que éste cumulo de expresiones, exacerba ese pueblo desesperado por un cambio, cambio que no se logra por ese fanatismo explotado por los dueños del poder.

Ahora, el otro aspecto a tener en cuenta, son las ventajas y desventajas de la era de la sociedad del conocimiento, que facilitan la comunicación en favor o en contra de la misma sociedad, hacen del ejercicio de la política la actividad social más ambigua, es así, como las redes sociales intervienen en esta magna manipulación mediática, como se  analiza por Olaya (2014a) “El uso de las redes sociales como Facebook, Twitter, Snapchat, WordPress o diferentes blogs, con los que cuentan los medios virtuales como periódicos y revistas, ejercen influencia  sobre el comportamiento electoral de los votantes o sobre su postura en debates políticos circunstanciales o momentáneos.” De esta manera, entra a jugar el llamado “marketing político” como estrategia, para  vender esa idea política de un determinado candidato o partido político o postura específica, logrando complementar la influencia de los medios convencionales, (radio, televisión, prensa impresa) ésto, logra amplificar el poder de convencimiento colocando más en riesgo a la población carente de lectura y análisis de su propia realidad; es por esto, que se maneja la sicología colectiva y el anonimato facilitando la multiplicación de comportamientos políticos como el fanatismo, por lo tanto, los fanáticos exageran el uso de la ideología para nublar el juicio de otros, mercantilizar votos y en ocasiones convierten lo que sería un verdadero debate democrático en entretenimiento  (Olaya, 2014b).

Por otro lado, para lograr ejemplificar el impacto que se genera en los medios masivos de comunicación, debemos tener en cuenta los “influencers” (influenciadores: candidatos, mandatarios, periodistas, consultores y empresarios) quienes son aquellos que cuentan con una alta capacidad de persuasión en un ambiente social, tal es el caso de Álvaro Uribe, que se podría considerar hasta agitador político, pues ha logrado con su manejo de la oratoria un alto número de seguidores (fuera y dentro de las redes sociales) quienes inexplicablemente darían la vida o matarían por él, sin entender quizás el origen de toda su propuesta política. En un menor caso está, Gustavo Petro y Sergio Fajardo, quienes desde sus diferentes cargos públicos, han logrado convocar a plantones y manifestaciones, logrando demostrar que el marketing político de cualquier colectividad política, sí propicia de cierta manera un fanatismo (bueno o malo en algunos casos), que nubla la verdadera razón del ejercicio democrático, ya que, encontrar la imparcialidad a la hora de educar políticamente a un pueblo es muy difícil y más aún en Colombia, que se corre el riesgo de caer en una violencia por el apasionamiento que genera el seguir la filosofía social de una determinada colectividad.

Por lo tanto, vale la pena rescatar lo dicho por Menco (2016b):

 “(…) El sistema de comunicación y el sistema político son el mismo poder. El pensamiento capitalista es manipulador. Impide la continuidad histórica y entender la realidad histórica. Un electorado autónomo, libre porque está libre del adoctrinamiento y la manipulación, estaría en realidad en un ‘nivel de opinión e ideologías articuladas’ que no es probable encontrar y para completar no se está enseñando a los estudiantes a educar la mirada de una manera efectiva, con el fin que analicen los mensajes de los medios de comunicación críticamente. Muchos están acostumbrados a recibir pasivamente lo que los medios proporcionan. Y no tienen una lucidez que les permita discernir entre lo que realmente es para su bienestar y lo que no. Esto es tan grave  que muchas personas son alienadas y enajenadas  por estos medios, que las tienen presas en un mundo de frivolidad, superficialidad, violencia simbólica y antivalores (…).

Partiendo de lo expuesto por el autor, se puede ratificar que el fanatismo es una de las grandes debilidades de la sociedad, se está convirtiendo en el arma perfecta de la política de hoy,  y la forma más rápida del arraigar el poder en pocos, para el perjuicio de muchos; todo por cuenta de la falta de formación de líderes críticos hacia lo social, pues, surgen día a día nuevas formas de liderar, pero invadidas de un manto de corrupción, que mantiene el ciclo de dominio a cuenta del uso de esa tecnología poco cuestionada, por los miembros de una sociedad alienada; así pues, éste aspecto se puede centrar como lo afirma González (2012) citado por Menco (2016)“si algo tenemos claro es que no solo la escuela  si no toda la sociedad tiene que aprender a usar los medios, si no, los van a usar ellos”.

De esta manera, los fanáticos (religiosos y políticos) se hacen acreedores de un juicio moral negativo, con llevando a que esté en juego valores básicos de la convivencia ciudadana, tales como la paz, la tolerancia, la libertad, la democracia y la pluralidad. La paz está excluida por la beligerancia del fanático, la tolerancia por su dogmatismo y la libertad por su querencia totalitaria, por consiguiente, la falsa conciencia individual y colectiva, generada por la ideologización del discurso, exige el ejercicio constante de la crítica ilustrada y el desenmascaramiento  de los falsos juegos de lenguaje (García, s.f.).

Por ende, nos podríamos preguntar dónde está el límite  para identificar cuando se está por caer en el fanatismo,  ya que, el poder político no le ha importado, ni le importará que las bases sociales se lleguen a destruir, simplemente, generar en ellos esa transformación de moralidad alrededor del sentir político, hace que surja ese exquisito caldo de juicios manipulables, para hacer creer que se va por el buen camino, de esta manera, las concepciones éticas y morales, que se forman en los núcleos familiares (en el mejor de los casos)  no serán suficientes para contrarrestar, éste tsunami ideológico que le da más fuerza a la clase social política dominante.

Finalmente, podemos decir que de continuar la radicalización de las ideas, como una consecuencia de una colectividad manipulada, seguirá ocasionado un fanatismo peligroso que nos deja al borde de una constante ola de violencia, afectando no solo a los que hacen parte de los medios de comunicación cuando intentan mostrar ese lado oscuro de la realidad, si no, que intensifica la desarticulación social, es decir, continuaremos con más lideres asesinados, más campesinos desplazados por la narco-política, aumentará la discriminación racial, la xenofobia y la destrucción continuada del medio ambiente, por cuenta de quienes saben manipular al fanático.

Por consiguiente, factores como utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión, seguirán siendo el arma que debemos utilizar a favor del pueblo, para evitar anular  el sentido crítico del  individuo que día a día, se debate ante una mentira mediática, pues las redes sociales cada vez cobran más espacio en el ciudadano de a pie y en  el que aún  no ha caído en ésta red, se convence por el voz a voz colectivo e irracional. Así pues, el marketing político no se detendrá si no por el contrario seguirá aprovechando que el fanático cumpla su misión… la de exagerar el uso de la ideología para nublar el juicio de otros.

De igual manera, recae una gran responsabilidad en la academia, para lograr que la sociedad cuente con un electorado autónomo, dicho de otra manera, que el adoctrinamiento no sea de esa elite dominante, si no que a través de la construcción de una razón colectiva, se desarrolle un pensamiento crítico que construya unos principios que luchen contra ese tipo de manipulación, para realmente identificar que sería lo benéfico para una sociedad en crecimiento; así, se lograría que el ciudadano se sienta ciudadano e impida la continuidad histórica y entienda la realidad histórica de su país, llegando a entender y a ejercer la soberanía que hasta ahora solo reposa en el papel.

En definitiva, el mejor negocio que ha logrado obtener quienes logran manipular las masas,  ha sido el fanatismo y en especial en lo político, la sociedad en medio de esa cortina de humo, no se percata de cómo se sigue explotando al pueblo, ya que, apropiarse de sus recursos requiere de control, un control que la tecnología ha facilitado y más  cuando los esfuerzos de formar al ciudadano, desde la construcción de un punto de vista crítico, siguen siendo insuficientes, no obstante, la lucha hacia  una sociedad más justa se debe seguir librando, quizás con algo de desigualdad, pero no imposible; la esperanza está en tomar esas mismas armas mediáticas, en favor de los interés del pueblo y en seguir educando en ciudadanos realmente más críticos y participativos dentro de los procesos de desarrollo de sus sociedades.

Referencias Bibliográficas:

García, J.M. (s.f.). Sobre el fanatismo religioso y también el político. La Albolfia. Revista de Humanidades y Cultura. ISSN: 2386-2491. [En línea] Retomado de: https://dialnet.unirioja.es/buscar/documentos?querysDismax.DOCUMENTAL_TODO=fanatismo+politico

Menco, L. (2016). No a la manipulación mediática sí a la educomunicación. Revista virtual Portal de las Palabras, N°2. Febrero-Diciembre, págs.2-12. [En línea]. Retomado de: http://revistas.curnvirtual.edu.co/index.php/portaldelaspalabras/article/view/833

Olaya, A. (2014). Marketing y movimientos políticos en las redes sociales en Colombia. Revista Estudiantes de Ciencia Política, 5, 22-40. [En línea]. Retomado de: http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/recp/article/viewFile/325572/20782948

Rodríguez, A. (11 de agosto de 2018). La gangrena mental del fanatismo. El Tiempo, p. 2.8.

 

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